28.6.19

Viernes sin programa


Hoy ha sido un día lento, como regueton lento jajaja, naaa, aburrido más bien, hace tanto que los viernes dejaron de ser como antes.
Cuando estudiaba en la facultad de leyes solo podía pensar en el viernes para tener dos días sin correr de un lugar a otro, y no precisamente porque tuviera una agitada vida social, sino porque tenía un trabajo en horario rotativo, donde mis fines de semana hubiesen sido un infierno, pero eran maravillosos ya que contaba con un grupo de compañeros de trabajo que todos los días parecían estar de fiesta. Nuestro lugar de trabajo era el sitio feliz donde queríamos hacer horas extras, dónde trabaja? Pues en un cine, díganme si eso no es lo más divertido que puede pasarle a uno en la vida.
Los días y noches eran de arduo trabajo, pero nos reíamos tanto, y a la vez hacíamos bilis con clientes  a los que queríamos desaparecer, sin embargo creo todo lo valía, esa experiencia fue maravillosa, aún dibuja una sonrisa en mi rostro recordar todo lo que implicaba amanecerse entre escobillones y palomitas de maíz. Me quedaría eternamente contándoles las miles de anécdotas que viví en casi cuatro años, donde perdí la vocación de abogado y me enamoré del servicio al cliente, tanto que hoy tengo mi propio emprendimiento artístico por decirlo de alguna forma; yo lo llamo ser artista, otros lo llaman ser hippie.
Y así va acabándose este día, qué pasa como un día común, donde lo que más me alegra actualmente es que los fines de semana siempre tienen otra energía, una más tranquila cuando salgo por la mañana a buscar pan.
Gracias por leer.

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